Tan pronto como la puerta del elevador se abrió, entró con sin
igual prisa, le urgía volver a ver esa mirada verde profunda que no lo había
dejado dormir la noche anterior, su primogénita había llegado al mundo. Nino
apretó el botón del piso al que se dirigía y escuchó como la señora que estaba
a su costado le llamaba a una pequeña niña por el nombre de Ayari.
Como
iluminación divina Nino decidió que ese sería el nombre de la recién llegada.
Al llegar a la habitación todos los familiares observaban a la bebita en su
cuna. Todos habían notado su maravilloso color de ojos, su pequeña naricita que
parecía pellizco de ángel y esa luz indescriptible que iluminaba toda la
habitación, pero solo Tere, su madre y Nino sabían que a sus espaldas llevaba
un par de alas. -Se llamará Ayari-
dijo Nino sin dar mayor explicación y la pequeña de tan solo un día de nacida
sonrió y esa sonrisa marcó el destino de su vida.
De pronto entró un doctor al
cuarto – Lo siento mucho- dijo
dirigiéndose al par de nuevos papás – no
se pueden llevar hoy a la niña, nació con alas y hay que cortarlas
inmediatamente- Los padres de Ayari
mirándose con complicidad le pidieron un momento a solas con su hija
antes de que la llevarán al quirófano, en cuanto el doctor cerró la puerta,
ellos escaparon por la ventana con la niña en brazos.
La niñez de Ayari a veces
fue sencilla y otras no tanto. Disfrutaba los buenos momentos y salía
triunfadora de los que no lo eran tanto. Ayari creció, estudió, vivió y se
enamoró. Cada vez que encontraba una piedra en el camino dejaba de caminar y
comenzaba a volar. Las adversidades de la vida la hicieron fuerte, los momentos
afortunados, feliz.
Llegó el día en que entró a un hospital y salió con el
título de madre y en un año completó su doble titulación. Siena y Mía también
son criaturas aladas y hoy vuelan libres en el cielo azul turquesa de la playas
de Cancún Quintana Roo junto a su madre que
las acompaña en cada uno de sus vuelos ayudándolas a planear cuando la
fuerza se agota, enseñándoles a aprovechar el ímpetu que te dan los fuertes
vientos, acariciando sus heridas cuando tienen un mal aterrizaje.
Ayari bendice
el día en que sus padres escaparon por aquella ventana de hospital y vive al
máximo su vida a lado del hombre que robó su corazón. Ayari mi amiga, mi
hermana mi compañera de aventuras es hoy mi “mujer maravilla”
Solo basta un par de alas y todos nacemos alados, algunos tienen
el infortunio de perderlas por decisión propia o de alguien más, lo más
sorprendente es que a diferencia de otras partes del cuerpo éstas retoñan con
tan solo desearlo en lo más profundo de nuestro corazón. Vive y enséñales a tus
hijos a volar, deja que se caigan, permite que se levanten y con estás palabras
cierro esta colaboración y te invito a que me permitas acompañarte de lunes a
viernes en “Buenos hijos, excelentes padres” por www.vivecanal.tv a las 10 am
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