Estoy
feliz de dirigirme a ustedes como cada sábado, que bendición el tener este
medio para expresar a través de mis palabras la admiración que siento por las
mujer´es´maravilla. Hace más de
dieciséis años Cartoon network lanzó una caricatura que rápidamente se hizo muy
popular llamada “Las chicas superpoderosas”, en realidad ese hecho es
intrascendente para mi escrito de hoy, es simplemente que el título siempre me
encanto, cuando tenía un logro en mi vida, siempre venía a mi mente el decir:
Hoy soy una chica superpoderosa pero saben algo, nunca me sentí tan
superpoderosa como el día en que me convertí en madre.
El
día que entré a la sala de expulsión increíblemente estaba pariendo a un nuevo
habitante de esta tierra y al mismo tiempo le daba ánimos a mi marido que
estaba a un lado con el semblante desencajado, con la cara color verde apunto
del desmayo. Cuando te entregan a tu hijo en brazos no puedes creer lo
milagroso de la vida y la naturaleza y que tu seas capaz de hacer algo tan
perfecto que sin duda es reflejo de un ser supremo, la vida pasa y vas
venciendo barreras, cansancios, retos que junto con una pareja se hacen más
llevaderos, pero ¿Qué pasa cuando esta tarea por la circunstancia que sea la
lleva a cabo una mujer sola?
Datos
del INEGI señalan que en México habitan más de 4.5 millones de madres solteras
y más del 70% trabaja. Ellas son ejemplo de amor y fortaleza, son padre y madre
a la vez, administradoras y proveedoras del hogar. Humanos admirables que
tristemente son víctimas de prejuicios sociales, cuando deberían ser
sobrevaluadas por su inmensa dedicación y entrega.
Ellas
merecen el título de “Chicas superpoderosas” porque son las heroínas en la vida
de otro u otros seres humanos. Admirémoslas y démosles un aplauso y que esta
columna sea un pequeño homenaje, una bomba de amor para aquella mujer que lleva
esta hermosa y difícil tarea de ser madre soltera.