Hace unos momentos
imaginaba una posible plática entre Jordi (mi hijo) y yo en unos seis años en
uno de tantos regresos de la escuela a la casa.
30 de abril de 2020
Jordi llega contento
a casa con una bolsa de dulces que parece interminable. La fecha y el detalle
de los dulces me hace recordar aquel treinta de abril en el que por alguna
razón mi mamá llegó dos horas tarde por mi al colegio.
-¡Ah! como me hizo
más corta la espera la típica bolsa de dulces que te dan el día del niño en la
escuela- Comenté en voz alta
-¿Cuándo?- Preguntó
Jordi
-Uy mi amor hace
muchos años, imagínate yo tenía tu edad y por alguna razón a mi mamá se le hizo
tarde, yo la verdad estaba preocupada porque no era algo que pasara a menudo
pero me quedé esperando mientras comía mis dulces.
-¿Y por que no le
llamaste por teléfono? -Preguntó Jordi intrigado
-No recuerdo que
hubiera un teléfono público cerca- contesté pensativa
-¡Un teléfono
público! ¿Qué es eso? -Preguntó aún mas intrigado
-Un teléfono público
eran unas cabinas sostenidas de un poste y en estas cabinas habían unos
teléfonos rectangulares como del tamaño de ese cuadro- decía mientras señalaba-
y le metías monedas o metías una tarjeta, en algunas calles todavía encuentras
algunos aunque ya no funcionan.
- Yo lo que quise
decir es ¿Por qué no le llamaste por tu smartphone?
-Ay amor, los
smartphones, incluso los celulares no existían.
- ¡Que! -Exclamó muy
asombrando –Y por lo tanto tampoco tenías Internet, ni Facebook y no podías
escribir recaditos en Twitter ¿Y cómo mandabas las tareas al profe? Órale ma
eran una especie de seres humanos desconectados… y bueno ¿Cómo se comunicaban
si vivían prácticamente incomunicados?
-Créeme hijo nos comunicábamos
más.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario