sábado, 20 de septiembre de 2014

Entre la frustración y la creatividad

Y ahí estaba ella, contemplando a su hijo que caminaba de un lado a otro del jardín sin siquiera haber cumplido un año. Tenía ganas de llorar y reír al mismo tiempo, y esto no era raro en ella pues esa ola de sentimientos ambiguos la inundaban casi todo el tiempo. Acostumbrada a hacer su trabajo casi a la perfección no podía entender como ser mamá le parecía tan complicado y a veces imposible. Como después de estar tantos años en recursos humanos “manejando gente”  evidentemente más grande y preparada que sus bebés, no lograba ser la madre ejemplar que había soñado. Su cerebro realista y sensato y su corazón lleno de locura e imaginación hacían que su vida en muchas ocasiones fluctuara entre la fantasía y la tormenta. 

Ese día Matías, su hijo mayor de tan solo tres años se rehusaba a bañarse. Su argumento era que no debía hacerlo porque ya lo había hecho un día anterior. Fabi logrando domar su impaciencia decidió no enojarse y mejor decirle que si no quería hacerlo, que no lo hiciera. Unos minutos más tarde invitó a Matías a sentarse cerca de su computadora y le preguntó con su acento mitad chiapaneco mitad yucateco:

-Mira hijo, este señor harapiento que ves aquí en la pantalla, se llama el Ecoloco loco ¿Sabes por qué tiene su carita tan fea y tan sucia?

-No mamá- respondió Matías

-Pues porque no se bañaba diario- respondió Fabi

Matías se quedó en silencio unos segundos y le pidió a Fabi, que por favor lo metiera a bañar y acto seguido Matías estaba disfrutando su baño.

Fabi se sentía satisfecha, había logrado comunicarse con su hijo sin pelear y persuadirlo para que tomara el baño.

Al otro día Fabi metió a sus hijos a la camioneta y se dirigió al kinder, en el semáforo a Matías le llamó mucho la atención un indigente pidiendo limosna

-Mamá, ya sé porque el Ecoloco loco no se baña

-¿Por qué hijo?

- Porque en los semáforos no hay regaderas


El escrito anterior sabe a cuento pero yo lo clasificaría como anécdota. Le pasó a una mujer, que más que amiga es como una hermana para mí. Quise compartirlo con ustedes porque ser mamá es una profesión maravillosamente complicada y que requiere de mucha creatividad para ser llevada a cabo, muchas personas piensan que la mujer nace con algo a lo que llaman “Instinto materno” y que éste hará que la mujer que se convierte en madre realice está difícil tarea con un arte y felicidad sin igual. 

Los medios de comunicación se han encargado en gran parte de hacernos pensar eso. Nos muestran mamás felices, mamás que al mes de haber parido han recuperado no solo su figura, sino su rostro descansado y la energía perdida en todo este proceso. Y muchas veces la alegría que sentimos por ser madres y ver crecer a nuestros hijos es inversamente proporcional a la frustración que sentimos al dejar de lado intereses que llenaban nuestro corazón de mujer, pero nadie nos dice que se vale sentirnos así, que es humano, y que eso no nos hace malas madres. Hoy mi mujer maravilla es Fabi, la protagonista de este cuento. 

Y ya para terminar aprovecho este espacio para que todos los días me permitas entrar a tu hogar a través de mi programa “Buenos Hijos, Excelentes padres” a las 10 am por vivecanal

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