Y ahí estaba ella, contemplando
a su hijo que caminaba de un lado a otro del jardín sin siquiera haber cumplido
un año. Tenía ganas de llorar y reír al mismo tiempo, y esto no era raro en
ella pues esa ola de sentimientos ambiguos la inundaban casi todo el tiempo.
Acostumbrada a hacer su trabajo casi a la perfección no podía entender como ser
mamá le parecía tan complicado y a veces imposible. Como después de estar
tantos años en recursos humanos “manejando gente” evidentemente más grande y preparada que sus
bebés, no lograba ser la madre ejemplar que había soñado. Su cerebro realista y
sensato y su corazón lleno de locura e imaginación hacían que su vida en muchas
ocasiones fluctuara entre la fantasía y la tormenta.
Ese día Matías, su hijo
mayor de tan solo tres años se rehusaba a bañarse. Su argumento era que no
debía hacerlo porque ya lo había hecho un día anterior. Fabi logrando domar su impaciencia
decidió no enojarse y mejor decirle que si no quería hacerlo, que no lo
hiciera. Unos minutos más tarde invitó a Matías a sentarse cerca de su
computadora y le preguntó con su acento mitad chiapaneco mitad yucateco:
-Mira hijo, este
señor harapiento que ves aquí en la pantalla, se llama el Ecoloco loco ¿Sabes
por qué tiene su carita tan fea y tan sucia?
-No mamá- respondió
Matías
-Pues porque no se
bañaba diario- respondió Fabi
Matías se quedó en
silencio unos segundos y le pidió a Fabi, que por favor lo metiera a bañar y
acto seguido Matías estaba disfrutando su baño.
Fabi se sentía
satisfecha, había logrado comunicarse con su hijo sin pelear y persuadirlo para
que tomara el baño.
Al otro día Fabi
metió a sus hijos a la camioneta y se dirigió al kinder, en el semáforo a
Matías le llamó mucho la atención un indigente pidiendo limosna
-Mamá, ya sé porque
el Ecoloco loco no se baña
-¿Por qué hijo?
- Porque en los
semáforos no hay regaderas
El escrito anterior sabe
a cuento pero yo lo clasificaría como anécdota. Le pasó a una mujer, que más
que amiga es como una hermana para mí. Quise compartirlo con ustedes porque ser
mamá es una profesión maravillosamente complicada y que requiere de mucha
creatividad para ser llevada a cabo, muchas personas piensan que la mujer nace con algo a lo que llaman
“Instinto materno” y que éste hará que la mujer que se convierte en madre
realice está difícil tarea con un arte y felicidad sin igual.
Los medios de
comunicación se han encargado en gran parte de hacernos pensar eso. Nos
muestran mamás felices, mamás que al mes de haber parido han recuperado no solo
su figura, sino su rostro descansado y la energía perdida en todo este proceso.
Y muchas veces la alegría que sentimos por ser madres y ver crecer a nuestros
hijos es inversamente proporcional a la frustración que sentimos al dejar de
lado intereses que llenaban nuestro corazón de mujer, pero nadie nos dice que
se vale sentirnos así, que es humano, y que eso no nos hace malas madres. Hoy
mi mujer maravilla es Fabi, la protagonista de este cuento.
Y ya para terminar
aprovecho este espacio para que todos los días me permitas entrar a tu hogar a
través de mi programa “Buenos Hijos, Excelentes padres” a las 10 am por
vivecanal
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